
Cuanto más se perfeccionan los videojuegos, mayor es la complicación que implica resolver todos los problemas que van surgiendo. Las animaciones de los personajes no solo deben parecer reales gráficamente sino que también sus acciones y sus reacciones deben ser tratadas con el mismo realismo, dotando de emociones reales a los protagonistas. Si un personaje tiene un aspecto muy realista pero no se mueve de forma convincente, no tiene expresión, ni se le ha agraciado de cierta personalidad, parecerá simplemente eso, un personaje, pero no algo tan vivo como lo es, por ejemplo, un héroe en una película de acción.
El reto del futuro de los videojuegos está ahí, en conseguir que los personajes tengan vida, aunque sea virtual y dentro de una pantalla.
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